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¿Recordáis aquellos tiempos en los que estos meses significaban tener deberes y empezar a planificar tus regalos navideños? Esa tierna infancia no tan tierna, vista ya con perspectiva. Allí estabas tú, esperando el frío invierno y jugando con tus viejos juguetes, que ya querías renovar, aunque estuvieran como nuevos. Empezabas a hojear y ojear todos los catálogos de juguetes que caían en tus manos, y aunque no casaras con los estereotipos a los que se suponía que te sometían todas las casas comerciales, te creías más inteligente que todos ellos defendiendo que a ti no te decían con qué jugar, no había día en el que no buscaras ese juguete perfecto, ese que te divertiría como ninguno, que sobresaldría por encima de los demás… Vamos, exactamente igual que el que te regalaron el año pasado. Sí, sí, sí, ya has caído en la primera trampa, y ahora te ríes, pero ya estabas enganchado a un estereotipo, el más básico de todos y el más rentable. Los niños quieren juguetes para jugar. O para tirárselos al del al lado en la cabeza, que a veces eso también es jugar, sobre todo si te lo devuelven y acabas creando un deporte alternativo con base en el tenis y ciertos tintes de béisbol, fútbol y todo lo que acabe con “bol” (excepto el bol de desayuno que ese empieza y acaba por bol pero no tiene cabida aquí, todavía…)

Todos los años era lo mismo, lo de las niñas en rosa, rosa chicle, rosa pastel, rosa palo (yo lo resumiría todo en rosa porque no hallo diferencia entre ellos, pero me han recomendado que lo ponga así…) y puede que algún tono más oscuro, morado, fucsia… (¿de verdad son distintos?), y lo de los niños… lo de los niños dependía del catálogo. O en azul (parece ser que en este color hay un mayor acuerdo por parte de la comunidad popular respecto a la inexistencia de sus variantes… como mucho Azul como la camiseta del Celta y ya…) o con una espectacular variedad cromática, siempre superhipermegallamativa, de esos colores que entran en tus retinas como cuchillos amenazantes en busca de tu cerebro. Es como si no quisieran que pasases de hoja. Colores coaccionando las mentes infantiles para que compres, pidas y desees.

Lo cierto es que con este tipo de acciones de marketing, la Navidad se ha convertido en este periodo tan lleno de estereotipos, que o los cumples o eres un antisistema, político, social o de ambos. Pero para las empresas jugueteras eso no es un impedimento, a fin de cuentas, cuando somos niños, preadolescentes y adolescentes… (y también de adultos, qué leches…) somos maleables, predecibles y totalmente manejables. Vamos que nuestra personalidad es tan dúctil como la plastilina recién comprada (la vieja ya no, esa ya tiene sus propias ideas y no la cambias así tu vida dependa de ello) Volviendo pues a los estereotipos, con los colores creo haber dejado bastante claro cómo pretenden que seamos, pero por si acaso… ¡Ahí están los juguetes! Muñecas, cocinitas, peluches, y otros enseres de menesteres considerados históricamente a los roles de la mujer, copan la oferta lúdica de ellas, mientras que para los niños tenemos los clásicos coches, herramientas y deportes o actividades de contacto más agresivas. Cierto es que el mercado va en aumento, pero si nos fijamos en los anuncios, aún en nuestros días todo se reduce a, muñecas para las niñas y coches para los niños (salvo el coche de la Barbie, que al ser rosa y de Barbie, es para chicas).

No me cabe duda que habrá quien piense que es la selección natural, que nadie obliga a los niños a seleccionar los juguetes, que los niños no prestan atención a esos pequeños detalles de los colores y de cómo lo anuncian. Que en la foto del correspondiente catálogo aparecieran niños, solo niños, en torno al coche deportivo rojo, y que al lado del coche deportivo rosa se vean niñas y unas muñecas, no es determinante para los pequeños. O esa muñeca supuestamente adorable, de proporciones desmesuradas y excesivo maquillaje, con unas niñas observándola sorprendidas al fondo, puede no ser la elegida ante el musculoso, fiero e intrépido soldado que acapara toda la atención de un grupo de chicos llenos de emoción. Es verdad, nadie se fija en esos detalles. De ahí que el “guapo” de los Calatrava le haya quitado el puesto a Brad Pitt para el anuncio de perfumes… ¡Ah! ¡Qué era un bulo! ¡Anonadada me hallo!

Resumiendo, que nos han llevado de pequeños por donde han querido, las niñas pasando su tiempo de ocio entre muñecas, peinándolas, vistiéndolas, maquillándolas… Parece que practicando para un futuro, y los chicos a golpes entre carreras y coches porque es lo que les tiene que gustar. Lo irónico de todo esto es el dinero que se han dejado a lo tonto en publicidad todas las empresas del “business” porque al final, resulta que lo que a los chicos les gusta es la Barbie con accesorios y a las chicas el Action man con el deportivo.

 

SME

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