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A veces sin esperarlo la vida te devuelve momentos del pasado, momentos que aún no creías olvidados pero que comenzabas a vislumbrar como imposibles de repetir. Y justo ahí, cuando te estás riendo como ya hace que no te reías, cuando no piensas en que es hora de ir para casa y cuando te apetece olvidar las responsabilidades como en aquellos días, te encuentras mirando de reojo a la puerta, esperando ver entrar a esa persona que te niegas a reconocer que aún sigues echando de menos. Porque sí, te reencontrarás con unos, conocerás a otros y puede que hasta pienses en otros distintos. Intentarás engañarte y entretenerte con otras cosas.  Y a veces funcionará… pero el resto del tiempo seguirás mirando hacia la puerta esperando que entre, porque aunque él no quiera estar contigo, tú lo seguirás queriendo.

SME

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