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El principio de incertidumbre. En lo que a física cuántica se refiere lo que se refiere a él es lo siguiente: “«Principio de Incertidumbre de Heisenberg», principio que revela una característica distinta de la mecánica cuántica que no existe en la mecánica newtoniana. Como una definición simple, podemos señalar que se trata de un concepto que describe que el acto mismo de observar cambia lo que se está observando. En 1927, el físico alemán Werner Heisenberg se dio cuenta de que las reglas de la probabilidad que gobiernan las partículas subatómicas nacen de la paradoja de que dos propiedades relacionadas de una partícula no pueden ser medidas exactamente al mismo tiempo. Por ejemplo, un observador puede determinar o bien la posición exacta de una partícula en el espacio o su momento (el producto de la velocidad por la masa) exacto, pero nunca ambas cosas simultáneamente. Cualquier intento de medir ambos resultados conlleva a imprecisiones.”( ver Principio de incertidumbre)

¿Cómo podemos aplicar esto a nuestro día a día? A día de hoy vivimos realmente en una incertidumbre constante, ya que resulta realmente complicado saber lo que vas a hacer mañana y casi ni siquiera dentro de un rato. Quizá sea la sociedad “del para ayer”, esa que quiere todo a toda velocidad, la del teléfono móvil, el whatsapp, la que siempre ha programado el tiempo, la que te ha dicho siempre qué hacer y dónde… Digamos que nunca te has planteado que tenías que hacer porque alguien había medido ya dos partículas. Tu persona y la o las tareas a realizar. Pero como nos dice nuestro amigo Heisenberg, el hecho de querer dos partículas al mismo tiempo hace que haya imprecisiones, y por tanto resultados erróneos. Y no le falta razón. Aquí estamos en este planeta millones de partículas sin saber qué hacer y lo que es peor, sin saber enfrentarnos a ello. Hasta ahora habíamos dado nuestros pasos siguiendo los dictámenes de la sociedad, más o menos, vale, quizá no al cien por cien, pero en líneas generales habíamos sido fieles cumplidores de sus normas. De hecho, hasta las rebeliones que creíamos hacer estaban contempladas de algún modo. Había una especie de patrón conductual que todos seguíamos, ya fuera con conocimiento de causa o no. Sin embargo resulta curioso como después de tanto hacer y decir y hacer de nuevo y seguir haciendo, diciendo y otros gerundios que no me apetece nombrar, aquí nos hallamos. En el ancho y vasto mar de la incertidumbre y su marea que nos lleva a su antojo. Ni siquiera nos oponemos.

De todos modos, analicemos la situación con una mirada algo más crítica y desde tiempo atrás. ¿En qué momento se le ocurrió a alguien instaurar un sistema en el que realizando determinados protocolos vas a obtener siempre los mismos resultados? Me explico. Inicias tus estudios, adquieres unos conocimientos mediante determinados procesos de enseñanza aprendizaje (no vamos a debatir en este espacio qué es enseñar y aprender, que si lo hacemos no acabamos en la vida) Conforme creces adquieres más conocimientos y más complejos. En función de en qué nivel dejes de estudiar (hablamos siempre de educación institucionalizada) obtendrás tu recompensa, esto es, quien tiene el graduado escolar es un simple trabajador con la más baja cualificación, mientras que a más titulación tengas mejor puesto de trabajo obtendrás, con mucho más prestigio y más remunerado. En otras palabras, que si estudias tendrás un buen trabajo. Y como todos queremos un buen trabajo todos estudiamos. ¡UY! ¡Que ya no hay más vacantes! ¡UY! ¡Pues vámonos a otra cosa! ¡UY! ¡Que tampoco hay! ¡UY! ¡Esto me empieza a mosquear! ¿Y qué es lo que ha pasado? Sencillo, que no hay para todos, porque medir dos variables a la vez no se puede. Aunque si se lo preguntas a ellos dirán que no se debe, porque poder han podido, mal, pero han podido. Aunque yo creo que si lo haces mal, es como no hacerlo, pero bueno, para gustos los colores, yo ahí no me meto.

Ahora hay que analizar el principio de incertidumbre desde el presente para no cometer los mismos errores que nos han traído hasta aquí. Lo primero que tenemos que hacer es conseguir enfrentarnos al hecho de no saber, de no tener un camino de dictado, de que ya nos somos niños y seguimos en busca de nuestra felicidad, de nuestra pareja, de nuestro trabajo, de nuestra pasión, de todo aquello que nos llene y que nos haga sentir bien. Por ello, tenemos que pensar en que no tenemos que mirar demasiado al futuro, porque no podemos calibrar bien, queda lejos y es otra partícula a medir junto con nosotros mismos. Y ya que queremos hacerlo bien, empecemos por ser quienes somos o, al menos, por intentar averiguarlo. La respuesta correcta suele estar mucho más cerca de lo que pensamos, quizá la hemos tenido delante y no la hemos visto, pero basta con volver a echar un ojo y no tener miedo. Es complicado no pensar, al menos para quien escribe estas líneas así es, y lo es más el hecho de no saber qué será de ti cuando quieres una estabilidad, algo a lo que agarrarte. Pero si el ser humano se caracteriza por algo es por la capacidad de adaptación. Sé paciente, la mente es brillante, sólo hay que estimularla para que nos aporte ideas. Así de este modo,  estos días que muchos adjetivan “de mierda” pasarán a ser parte de la historia, y podremos decir, que salimos adelante a pesar de todo, pues cuando no tengamos miedo de no saber, sabremos qué hacer y cómo hacerlo, el cuándo es más que evidente.

SME

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