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Aquellos días quedaron atrás, los de querernos, los de abrazarnos, los de ser dos pensando en ser uno, los de no hacer nada sin pensar en el otro. Ahora apenas nos vemos, y si nos vemos evitamos mirarnos.

Atrás quedaron aquellos días, los de echarte de menos, los de necesitarte a cada instante, los de no saber qué sería de mí sin ti, los de no saber ser sin ti. Pero el olvido no llega a mí.

El presente me obliga a seguir caminando sin saber todavía a dónde, aunque a veces me doy cuenta de que no soy sólo yo quién no sabe hacia dónde ir. Solitaria carretera que me espera en esta vida. Habrá compañías más duraderas, otras serán más fugaces, pero ninguna habrá como la tuya.

Hoy soy consciente de todos mis errores, y de que todos ellos tienen solución. Pero a veces la rabia me consume y me hace volver a recordar ese sentimiento enterrado en lo más profundo de mi ser. Saber que eres tú, y que nunca podrás ser.

SME

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