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Encontrarme con viejos correos. Volver a leer esos mensajes. Recordar nuestras conversaciones. Todo esto me hace darme cuenta de lo mucho que te echo de menos. Echo de menos hablar contigo, echo de menos saber de ti, echo de menos tus toques para saber que has llegado. Echo de menos tus eih! Echo de menos tu mano agarrando la mía. Echo de menos tus caricias. Echo de menos salir a carreras del gimnasio para poder hablar contigo un rato. Echo de menos los viernes en los que te esperaba para verte. Hasta echo de menos los domingos que tanto odiaba porque te ibas. Y también echo de menos los sábados por la tarde, los que estabas conmigo, y también los que estabas con tus colegas. Esos en los que no me atreví nunca a decirte que sí que quería estar ahí contigo, pero por miedo a no encajar y por miedo a molestar, creí que lo mejor sería callar. Pero lo que más echo de menos es reirme contigo. Lo tengo asumido, sé que es mi culpa. Pero cuando sin querer vuelvo a ver ese correo que me alegró el cumpleaños, recuerdo todo lo que sentí, y todo lo que decidí hacer. Y recuerdo todo lo que tuve, lo que podría haber sido y no fue. Tomé mis decisiones y me equivoqué, por eso no te puedo culpar porque pienses algo que no es. Y ahora quisiera mostrarte quien soy en realidad, pero soy incapaz de hacerlo si delante de mí estás. Porque te quiero, te quiero, te quiero y aunque lo intento, no puedo dejar de hacerlo.

SME

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