Skip navigation

Buenos días, buenas tardes o buenas noches. Todo depende de a qué hora estéis leyendo este pequeño artículo de opinión. Opinión sobre un tema que creo que todo el mundo a abordado más de una vez, en el en que se ha profundizado quizá menos veces, pero sí de manera más elocuente de lo que lo haré yo. Sin embargo, hoy siento la necesidad de escribir sobre ello. Y es que es algo en lo que no nos solemos fijar demasiado. De no haber leído el título, ahora mismo os estaríais preguntando sobre qué estoy hablando. Del trabajo, del futuro, del amor, de la vida… de tantas cosas podría escribir!!!. Pero el tema está claro. Sobre la música. Sobre su influencia. Sobre lo que ha conseguido, sobre lo que está consiguiendo y sobre lo que podría conseguir. No creáis que me dejo llevar por algo trivial y sin importancia. Puede parecer algo absurdo en los tiempos que corren. La crisis económica deja a gente sin trabajo, en la calle, pasando hambre. En lo países tercermundistas los niños siguen muriendo de enfermedades que aquí no causan ningún problema, eso si el hambre no los lleva antes al otro barrio. Desastres naturales asolan países con un gran potencial económico pero con la misma capacidad defensiva que cualquier otro ante cataclismos de tal magnitud. Eso me hace reflexionar sobre la importancia de las cosas en la vida, pero lo voy a dejar para otro día. Con todo esto que os cuento y con todo lo que me dejo en el tintero, ¿cómo es posible que esta menda se plantee hablar sobre la música? Por un motivo muy sencillo. Es de los pocos medios que llegan a todas las personas, aunque bien es cierto que cada uno la usa para que lo que le parece mejor. Hay canciones para todos los momentos, alegres, tristes, violentos, terroríficos, románticos, divertidos… y cada uno elije la suya para su momento. No todas las canciones románticas implican romanticismo para todas las personas. Eso que dicen los psicólogos y los fisiólogos de que el mismo estímulo produce respuestas distintas en función de las condiciones y/o de las personas que se enfrente a él. La música tiene un gran poder dentro de sí misma. Son cuatro minutos, a veces más, a veces menos. Son cuarto frases, que pueden no decir nada o pueden significar toda una vida. Decidme, cuántas cosas, personas, eventos o lo que se os ocurra conocéis que tengan la capacidad no de movilizar, que también, sino de hacer sentir a tantas personas a un tiempo. Pocas cosas pueden superar la sensación de saber que algo que has escrito lo están sintiendo las miles de personas que tienes enfrente o las 10 personas que te escuchan cara a cara. Cuando se compone algo se da una parte de uno mismo, se entrega en esa obra y se comparte, y al compartirlo ves que hay más gente como tú, con una diferencia. Eres tú quien los ha movido, eres tú quien ha hecho que vayan a verte. Y no sé qué es más difícil de aceptar, si que tus amigos de siempre canten tus canciones porque son tuyas y conocen las historias que hay detrás, o que miles de personas te vean como un icono, alguien a quien seguir porque se atreve a decir lo que siente, con más o menos razón, pero al menos lo dice. Y es que tiene que acojonar (perdón por la palabra) tener delante de ti un estadio lleno de gente esperando que des lo mejor de ti, porque allí habrá quien solo tenga esa oportunidad de verte, porque allí habrá quien piense que ese va a ser el mejor momento de su vida y que será una de esas historias que algún día contarán a sus nietos, porque allí habrá quien crea que mereces la pena. ¡Qué tres palabras! Mereces la pena. Solo me las dijeron una vez, y no, no fue en un concierto, pero jamás lo olvidaré. ¿Qué es más importante? ¿Ser alguien en el mundo o ser el mundo para alguien? Esto es un pequeño ejemplo de lo que la música puede hacer. Desde pensar en salir de fiesta hasta filosofar las cosas más extrañas que puedas creer. Y eso es una gran poder. ¿Qué ejército no ha tenido un lema que cantar? ¿qué equipo no ha tenido un himno que cantar? ¿qué amigo no ha coreado palabras de aliento? La música siempre está presente. Cuando estás hundido y no encuentras las palabras que expresan tus sentimientos aparece una canción, escrita por a saber quien, pero que describe perfectamente el momento por el que estás pasando. Ahí es cuando piensas: “¿en qué momento se coló este en mi cabeza?” Esas canciones te ayudan a sacar el dolor que llevas dentro, cuando con nadie puedes llorar y una canción te hace expulsar todo ese mal que hay en tu interior. Irónicamente, la siguiente canción puede hacerte cambiarte el punto de vista, y puede hacer que la cara de los ojos llorosos se torne sonriente por momentos, porque a veces no hay mal que por bien no venga, porque los mismos cuatro acordes tristes tocados a otro ritmo pueden hacer que veas que hay algo más que un mundo triste y oscuro. Pueden hacer que entiendas que la vida es como tú la quieras ver. Entonces aparecen esas canciones que no tienen más pretensiones que hacerte reír y pasarlo bien, que no te van a contar la vida de nadie, que no van a reivindicar pan para los pobres y que tampoco buscan que seas mejor persona, solo quieren hacerte bailar. Y hay que joderse (perdón de nuevo por mi vocabulario) cuando una canción de un estilo que no te gusta hace que tu cuerpo responda instintivamente a su ritmo. “Pero por qué me estoy moviendo si esto no me gusta” piensas, pero cuando te quieres dar cuenta ya estás dándolo todo en el medio de la pista.  La música llega a tocar lo más profundo del alma de una persona. Tiempo atrás hubo cantantes y canciones protesta. No buscaban solo el espíritu de la gente sino querían abarcar también su moralidad. Reivindicaban un mundo mejor. Y creo que lo consiguieron, porque en cuatro minutos que dura una canción puedes lograr que alguien se interese por un tema que antes desconocía. Puedes concienciar a una persona de que las cosas no están bien y de que las cosas deben cambiar, y lo que es más importante. Con esas canciones les hacías saber que tenían el poder para hacerlo, ya que como antes nadie se lo había dicho, lo desconocían. Si es que hay canciones que movilizaron miles de personas no para ir a un concierto, sino para iniciar una revolución. Hay quienes creen que el poder es hacer huir a la gente, hacerles tener miedo, pero no, poder es hacer que los que huyen dejen de correr, y aún con temor en su interior levanten la voz y peleen por aquello en lo que creen. Unas notas pueden hacer que la persona más temerosa salga de su rincón oscuro a comerse el mundo, y si eso no es poder, dime tú lo que es. Cuanto más lo pienso más llego a la conclusión de que en los tiempos que corren, para salir de la crisis necesitamos más música, porque hay canciones que cambian el mundo.

SME

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: