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Increíble, la frase que me ayudó a lanzarme es la misma que me hace que me dé cuenta de lo que he hecho mal. No cuestioné el pasado, no dudé de él, pero temí el futuro, y ya se sabe, se pierde lo que se teme querer, aunque lo quieras con todo tu ser. Los miedos siempre son malos consejeros, y si te dejas llevar por ellos, al final sales perdiendo. Hoy no soy capaz de entender a qué tuve miedo ayer, pero hoy ya es tarde. Muy tarde. Y sin embargo, a pesar de no entenderme a mí misma, ayer se me encendió la bombilla, y ahora te entiendo a ti. Y me resulta sorprendente lo estúpido y testarudo que puede llegar a ser este ser humano que resulto ser yo. Tanto tiempo defendiendo unos principios de la manera equivocada. Tanto tiempo creyendo que hacía lo correcto y no me daba cuenta que estaba pregonando unas ideas y haciendo lo contrario. Y no lo veía. Cambiar el modo de hacer las cosas no es venderse, cambiar la forma de ver el mundo no es dejar de ser yo misma, hacer cosas nuevas y distintas aunque a veces me resulten extrañas, no es perder mi identidad. Es crecer, es madurar, es aprender a convivir en el mundo en el que me ha tocado vivir, un mundo en el que puede que no encaje al 100%, de hecho… alguien encaja al 100%???Puede que sea un mundo donde no todas las normas y estereotipos sociales vayan conmigo, puede que no los comparta, pero rechazarlos con un tajante no, sin mayor explicación y rebelarme haciendo justo lo contrario, y no haciendo nada que se pueda asemejar lo más mínimo, no vaya a ser que me confundan y piensen que soy algo que no soy… no es el camino adecuado. Esas armas se usan cuando tienes 15 años. Con la edad vas ganando en experiencia, un arma letal si sabes usarla. Sin embargo, con 28 años  que tengo, hasta ayer no me había dado cuenta de que tenía más opciones. Siempre he defendido que entre el blanco y el negro hay una escala de grises en la que debemos movernos, entonces… ¿por qué hasta ayer no me había dado cuenta de que no la estaba usando? Y mira que me lo avisaste, repetidas veces a falta de una.  Y no me daba cuenta. Qué miedo a dejar de ser soy por vestir o hacer algo que no suelo hacer, y no supe ver que el hábito no hace al monje. Y lo irónico es que siempre he estado de acuerdo con esa frase, pero qué mal he llevado a la práctica mis ideas. Si es que cada día que pasa me sorprendo a mí misma, y para mal, porque hay que ver lo que me cuesta espabilar. Y esta vez me ha costado mucho. Ha sido el coste más caro que pagaré jamás. Y, ¿sabes? Ayer todos esos cambios hubieran sido para ti, por estar contigo, hoy no, no buscan eso como objetivo. Hoy sé que hay cosas que van más allá de la apariencia, por tanto, hay que hacer determinadas cosas, porque hay que hacerlas, no hay más. Y hoy pienso esto porque sé que es bueno para mí. No es que no te quiera ni que no quiera volver contigo, porque quiero, y sé que lo sabes. Pero este pequeño paso hacia alguien un poquito más sabia que ayer, es por mí, es para mí. Lo que tampoco puedo negar es que aunque no sea por ti, sí que ha sido gracias a ti. Sin embargo, esto no hace más que acrecentar lo que siento por ti, aunque no sé si es posible quererte más de lo que te quiero.

SME

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