Skip navigation

CÓMO PREPARA UN EXAMEN UN UNIVERSITARIO

Tras un par de meses de relax y mucha, mucha juerga (términos antagonistas, pero no por ello excluyentes) llegan esos meses que “tanto nos gustan a todos”, Febrero, Junio y Septiembre. (sí, Septiembre también, o es que ahora va a resultar que todos somos muy buenos estudiantes y nunca hemos ido a esa convocatoria…. No me hagáis reír!!!) Como todos sabemos ya es el periodo de exámenes (lo sabíamos todos no??? A ver los rezagados! Que vayan espabilando!) Sucede entonces algo inusual en cualquier estudiante que se precie, SE PONE A ESTUDIAR!!! Es entonces cuando sacamos todo nuestro potencial, cuando abandonamos la vida social (los partidos de liga, champions, copa, ir de cortos, cine, pelis, entrenar, otros menesteres nocturnos… en resumen, que dejamos de hacer todo lo que nos mola) y nos encerramos entre cuatro paredes (ya sean las de tu cuarto o la de la biblioteca) para poder estudiar en unos días todo lo que ni te has molestado en mirar el resto del curso. (hasta parece verdad lo que estoy diciendo ehhh! Jajaja!!!!)

Me voy a saltar las fases de búsqueda y consecución de apuntes y criptografía (para los que van a clase, esto es descifrar la letra del colega que ha tenido el detalle de dejarte sus apuntes) porque ya son conocidas por todos, si no por experiencia, vía reenvío de correos.

Una vez creemos tener todos los apuntes con una letra más o menos legible, llega el tan esperado momento. SENTARSE A ESTUDIAR. Dicho así no parece complicado, Vas te sientas y empiezas a estudiar. Vamos, que para hacer y comprender esto no parece necesario estudiar. Pero sí, sí que hace falta. Hay que estudiar lo que tenemos que tener a mano, porque siempre nos olvidaremos algo, y sólo nos acordaremos una vez estemos ya colocados y concentrados, en disposición de recibir nuevos conocimientos. Cuando ya tienes los apuntes en la mesa, el libro de apoyo al lado, boli y fosforitos por ahí pululando te das cuenta de que TE HAS DEJADO LA CALCULADORA (por poner un ejemplo) Te levantas y la buscas (porque como es de esperar no tienes ni puta idea de dónde puede estar) Después de haber dejado la habitación como si un tornado hubiera estado de visita, vuelves frente a los apuntes. Piensas que ya lo tienes todo, y de repente, y sin previo aviso aparece en tu cabeza: “EL TIPPEX”  y a buscarlo en la zona cero (recuerda que antes ha pasado un tornado) Por supuesto que el tippex nunca lo usas ni para estudiar ni para clase, pero hoy no puede estar lejos de ti, no vaya  a ser que te confundas! Pues con esta bromita, se puede perder de 30 a 45 minutos de estudio (que acabarán siendo fundamentales de cara al examen) Y todo esto si estudias en casa. Si eres de los que se va a la biblioteca tienes 3 opciones: 1! Ser valiente y estudiar sin lo que te has olvidado; 2ª  volver a casa y pasar por lo anteriormente descrito y volver a la biblioteca; y 3ª volver a casa y pasar de estudiar porque ya has perdido mucho tiempo. En los casos 2 y 3 sumad el tiempo de desplazamiento al tiempo perdido. En el 3 realmente dad el día por perdido.

Con la fase “Indiana Jones en busca del material perdido” ya finalizada, procedemos al comienzo de la lectura de apuntes. Para empezar no sabes si realizar una lectura rápida o lenta, si leer todo, si por temas, si por párrafos… lo cierto es que la toma de esta decisión aun te llevará un rato. Creerás que al empezar a leer tus dudas se aclararán, pero no. Los apuntes te resultarán pesados y a veces no entenderás bien lo que ponen (si hubieras ido a clase eso no te pasaría, bueno, lo de aburridos puede que sí) ¡MÚSICA! Parece una buena solución, te ayudará a relajarte y cuando quieras darte cuenta estarás leyendo sin problemas los apuntes. Eso o acabarás haciendo unos playbacks de puta madre con manejo de instrumentos incluido (raqueta = guitarra; bolis, lápices…= baquetas, trompeta, saxo, micro…; mesa = batería, teclado) Optas por quitar la música y estudiar sin ella COMIENZO DE LECTURA DE APUNTES (REAL) Página 1. Lees despacio para poder retener la información. No funciona. Vuelta a la página 1. Pruebas subrayando, sigue sin funcionar. Otra vez en la página 1. Decides hacer un resumen que empezarás con muchas ganas pero que, seamos realistas, no vas a acabar. Por cierto, el resumen, tampoco funciona. No sabes el tiempo que llevas “estudiando” (debe ser poco, porque como aún no has pasado de la página 1…) y miras el reloj, por curiosidad, con la creencia de que como mucho habrán pasado 20 minutos. “¡1 HORA! Llevo una hora y no he pasado de la página 1 No puede ser!” Sí que puede ser sí, o que pensabas, que el tiempo se iba a parar para que pudieras estudiar mejor? De ilusiones viven algunos (por cierto, l hora sin incluir la fase Indy Jones, no os vayáis a pensar). Te desesperas y no sabes qué hacer para concentrarte, y mientras buscar solución al problema de concentración surge otro de “mayor importancia” ¡NO HAS PUESTO LA LAVADORA! Y resulta que hoy es el único día del año que no puedes tener ropa sucia  (y fíjate tú, coincide con el único día del año en que te acuerdas de que tienes lavadora en casa) Pues nada, ya que te has acordado y tienes la imperiosa necesidad de ponerla, vamos a buscar ropa sucia. Y digo buscar la ropa sucia y no coger la ropa sucia porque os recuerdo a los de poca memoria que ha pasado un tornado por la habitación) Busca ropa, selecciona ropa, mete ropa en la lavadora, averigua cómo funciona la lavadora…. El procedimiento habitual que todos conocemos.

Por cierto, este un problema del que se libran aquellos que van a la biblioteca. Pero allí seguro que les surgen otros, como el ritual al entrar a una sala en la que no se puede hablar. Ir mesa por mesa saludando a todo el mundo que conoces, buscar un asiento libre que creas que está lejos de todo tipo de peligro que te pueda distraer (como por ejemplo, ventanas que den a alguna parte, puertas que se abran y se cierren, gente a tu alrededor…) El más peligroso de todos es el que menos nos esperamos, el ritual del saludo, gracias a él a veces no llegamos ni a sentarnos. Siempre hay alguien que tiene que tomarse un descanso justo en el momento que llegas tú, y claro, no puedes dejar que esté solo/a fumándose el cigarrito de rigor o mirando al vacío como el resto del mundo. Lo/a acompañas y ya solo volvéis a entrar para que recoja sus cosas, pues ya se ha hecho tarde.

Volviendo al piso. Con la sed de ropa limpia saciada, volvemos al escritorio con ganas de recuperar el tiempo perdido debido a nuestro “gran olvido”. No haber lavado la ropa ayer, mañana… será por días!!! Parece que nos concentramos, y que lo que leemos se nos queda (al menos lo entendemos, que no es poco) pero comenzamos a tener un malestar en el cuerpo, no nos encontramos con comodidad frente a los apuntes. Algo nos molesta, levantas la vista y ves sobre la mesa una fina capa de… de… POLVO! Eso es! Y ¿cómo se va a estudiar en una mesa así? ¡Eso no se puede consentir! ¡No podemos dejar que los apuntes que tanto trabajo te ha costado conseguir se manchen! Pues ya sabes, a levantarse a coger los aperos de limpieza y a limpiar (tendrás que preguntar a alguien dónde están, puesto que esta es otra de esas cosas que no tienes costumbre de hacer) Con el material ya en la mano comienza la tarea, pero ya de ponerte, crees que será mejor limpiar el piso entero para no quedar mal. Que lo hagas pocas veces no quiere decir que no tengas generosidad ni que lo hagas mal. Así que despacito y el piso todo, todo, enterito.

Con el piso impoluto, vuelves a tu lugar originario de trabajo, el escritorio.  Recomienzas por la página 1, y a los 15 minutos llaman a tu puerta. “Oye, que ya llevamos rato chapando, ¿descansamos?” Y lo cierto es que aceptas, porque estudiar no habrás estudiado mucho, pero las tareas del hogar parece que cansan (ahora es cuando empiezas a comprender a tu madre) Eso sí, aceptas con una condición, que el descanso sea de 15 ó 20 minutos. “No hay problema, si yo también quiero volver a estudiar”, te responden. Y te levantas y te vas. ¡PARA 15 MINUTITOS QUE LLEVABAS! Pero te has levantado con la convicción, con la creencia, con la seguridad de que en 20 minutos vas a estar chapando como nunca. JA, JA, JA PERO QUE RISA ME DA Cuando quieras darte cuenta de tu error habrá pasado una hora como poco. Y cuando veas el reloj, dirás “OSTIÁ! PERO QUÉ TARDE ES!” y te irás corriendo a todo gas hacia la habitación como si los apuntes se fueran a marchar debido a tu retraso o como si pudieras recuperar el tiempo al correr más rápido. (Existe otra opción, en lugar de que te vayan a buscar seas tú quien decide parar a descansar, esta ya tiene mucho delito, al menos de la otra manera te están incitando)

Es en este punto cuando dices “¡BASTA! AHORA SÍ QUE HAY QUE CONCENTRARSE!” y miras fijamente a tus enemigos, los apuntes, como si ellos fueran los culpables de todo lo que no has hecho, Lo cierto es que así solo te recuerdan todo lo que no has hecho, y todo lo que te queda por hacer. Y ahí seguimos, en la página 1 (de la cual aún no nos sabemos ni la primera línea) Pero es como si hoy tu cabeza no quisiera estudiar, tiene en mente otras tareas. De nuevo un flash, ¡LOS PLATOS! Que tampoco has fregado (Qué raro!) Y cómo no! A fregar que te vas! (parece que hoy es el día de la limpieza) Para cuando hayas terminado de fregar ya será la hora de cenar, así que lo que harás será prepararla y cenar, a ver si después de la misma te pones ya estudiar y consigues llegar al menos a la página 2. Pero claro, la cena es el momento de reunión del piso, y entre cenar, ver un poco la tele, charlar y relajarse por el día de estudio que llevas a tus espaldas, a las horas que te quieras poner ya te dará el sueño, y para estudiar media hora mejor te acuestas y madrugas mañana que seguro que aprovechas mejor el día.

Todo esto puede durar un día, una tarde, una semana, un mes… todo depende del tiempo que queramos estudiar o  de lo que nos falte para el examen.

Ahora ya sabeis porque los pisos de estudiantes están más limpios en Febrero, Junio y Septiembre. No es para mejorar el ambiente de estudio, es para no estudiar!!!!!

Sin embargo, y sin que sirva de precedente (pero lo hará) el día del examen decidirás ir, porque no pierdes nada por verlo. Contestarás a todas las preguntas (pero solo te sonarán algo las que se referían a contenidos de la página 1) e, inexplicablemente aprobarás e incluso caerá algún notable. (Tú creías haberte inventado las respuestas, pero con un notable tienes que saberlas!!!!)

Pero tranquilos mis queridos amigos, esto es algo que se da cuando suspender o aprobar tienen una importancia relativa, pues ya llegarán los días en los que aprobar será necesario, obligatorio, imperativo. Vamos, que tienes que aprobar sí o sí. Y ahí estaremos, con UNA ÚLTIMA PUTA ASIGNATURA, con el piso hecho una mierda, sin ropa limpia, sin saber que dan en la tele, sin charlar con nadie, sin descansar, estudiando como nunca en la vida (ni para selectividad recuerdas haber hecho semejante esfuerzo) Irás al examen, no a verlo, a hacerlo, creyendo que te lo sabes todo. Contestas a todas las preguntas, sabiendo de qué van, justificando tus respuestas y situándolas en los apuntes sin duda de ningún tipo. Y, vale, no es el examen perfecto, ni tú estudiante modelo, y a pesar de las preguntas que hay en el examen que no tienes en los apuntes, no te preocupas. Es imposible que suspendas con todo lo demás que estás poniendo, cómo no vas a llegar al 5! En el peor de los casos un 4’5, revisión, te suben nota y 5, pero no, ni siquiera eso cabe en tu cabeza. Además, llevas toda la carrera hasta con algún sobresaliente y muchos notables con estudiar el día antes (y ya habeis leído como se prepara un universitario) ES IMPOSIBLE SUSPENDER!!! Pues como dice ADIDAS, “IMPOSSIBLE IS NOTHING” Suspenso. No te lo explicas. La única vez en tu vida que aplicas las diferentes definiciones que existen del verbo estudiar al 100%, y suspendes. La única vez en tu vida que estudias tantos días seguidos sin descanso, y suspendes. La única vez en tu vida que fuiste a un examen sabiendo los apuntes con puntos y comas, y suspendes. Todo el esfuerzo y el trabajo realizados, para nada. Vas a la revisión, por si fue un error. No lo fue. Sigues sin entenderlo. Cómo puede ser posible.

Solo cabe una explicación. Los elementos químicos de los productos de limpieza junto con la actividad física de las tareas domesticas y los momentos de ocio mejoran el rendimiento académico.

Si encontrais otra explicación mejor, me la contais.

SME

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: